El presidente Andrés Manuel López Obrador encabezó en el Campo Marte la conmemoración del Día de la Bandera. En ese acto, la presidenta de la Cámara de Diputados, Laura Rojas, y el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar, se pronunciaron por que el lábaro patrio cobije la lucha por la protección de las mujeres y por la igualdad.Foto Pablo Ramos

Adversario: derecha bicéfala
Objetivo: 2021 y 2024
Gordillismo, PRI, Verde y similares

A diferencia de 2006, cuando se negó tozudamente a hacer cualquier tipo de alianzas que significaran mengua o desdoro de sus principios políticos generales, en 2018 Andrés Manuel López Obrador fue capaz de hacer concesiones y llegar a pactos con grupos y personajes que en su primer intento por llegar a la Presidencia de México no hubiera aceptado.

La evidencia de ese giro pragmático está a la vista: el gabinete presidencial, las bancadas legislativas de Morena y de los partidos aliados al obradorismo, y gubernaturas y presidencias municipales en todo el país tienen como partícipes a figuras oportunistas que supieron saltar de sus barcos partidistas originales (sobre todo, los priístas y perredistas) para entrar en un proceso de falsa purificación al acogerse a la organización ahora dominante, Morena.

Un caso muy sonado en 2006 fue el de la profesora Elba Esther Gordillo Morales, entonces dirigente caciquil del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Mucho se hablaba en el entorno cercano a AMLO del rechazo absoluto de éste a reunirse con la primera para llegar a pactos electorales. Gordillo ofrecía su poderosa maquinaria electoral a cambio de posiciones en el gabinete y la garantía de su continuidad en el cargo directivo laboral. Pero AMLO decía que no iba a negociar nada que le hiciera llegar con las manos atadas a Palacio Nacional.

Así, Gordillo terminó pactando con Felipe Calderón Hinojosa y, hablando con gobernadores priístas, le suministró al panista voluntades y votos fraudulentos que le permitieron al michoacano argüir que había obtenido una ínfima diferencia de votos (medio punto porcentual: unos 230 mil sufragios) y hacerse a la mala de las llaves de Los Pinos.

Con la vista puesta en las elecciones intermedias de 2021, cuando se renovará la Cámara de Diputados federal y se elegirán gobernadores, congresos estatales y presidencias municipales en varios estados, López Obrador reincide en el pragmatismo. Su adversario central es la derecha, representada por el debilitado Partido Acción Nacional y por la fanfarronería sin sustento de Felipe Calderón y su partido México Libre, con Margarita Zavala como persistente precandidata a algo.

Contra esa derecha bicéfala, López Obrador está construyendo o reafirmando alianzas, implícitas o explícitas. En primer lugar, con el Revolucionario Institucional; es decir, con su difuminado dirigente formal, Alejandro Moreno, Alito, y con sectores influyentes de ese priísmo, como los grupos de máxima élite, encabezados por Carlos Salinas de Gortari y, en etapa reciente, por el aún intocado Enrique Peña Nieto. Además, un trato terso a la Confederación de Trabajadores de México, la organización sindical priísta que tanto daño ha hecho al país.

Ya en la bolsa tiene al dizque partido Verde (gracias al aliado y protegido Manuel Velasco Coello, ex gobernador de Chiapas), al Partido del Trabajo que en zigzagueo permanente acaba en la contabilidad electoral del tabasqueño, y el expresamente derechista Partido Encuentro Social que perdió el registro como tal pero ahora emergerá como Partido Encuentro Solidario. Más los nuevos partidos que se acumulen, sobre todo los impulsados por el monrealista Pedro Barba Haces y el ebrardista Mario Delgado.

En ese camino vuelve a aparecer el gordillismo, que ya en 2018 tuvo un papel discreto pero no irrelevante en el cuidado de casillas electorales a nombre del PT. La profesora Gordillo ha construido un nuevo partido personal, las Redes Sociales Progresistas, que pretende sea presidido abiertamente por su yerno, Fernando González Sánchez, aunque persiste el litigio por parte de Juan Iván Peña Neder, escindido de ese gordillismo. Ayer, Rafael Ochoa, otro personaje largamente identificado con Elba Esther, uno de sus principales operadores políticos, recibió una peculiar bienvenida a Morena por parte de su sedicente presidenta, Yeidckol Polevnsky. El juego es sumar rumbo a 2021, como antesala del presidencial 2024. ¡Hasta mañana!

Twitter: @julioastillero

Facebook: Julio Astillero

juliohdz@jornada.com.mx

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here