El presidente ruso, Vladímir Putin, ha presentado este lunes un paquete de propuestas para cambiar la Constitución rusa. Menos de una semana después del anuncio de que propondría una modificación en la Carta Magna, el líder ruso ya tiene listos esos cambios que los analistas perciben como una maniobra de hacerse un hueco para controlar o influir en el poder una vez que deje el cargo, en 2024. Putin, de 67 años, ha dominado la política rusa –como presidente o como primer ministro—desde hace dos décadas. La oposición, a la que este escenario ha pillado desprevenida, acusa al presidente de moverse para lograr “ser un líder vitalicio”.

La rapidez de los cambios, que Putin ha esbozado con los apuntes de un grupo de 75 expertos con perfiles diversos creado para discutir las enmiendas constitucionales, hace pensar que el presidente ruso preparaba desde hace tiempo y con inmenso secretismo el agudo movimiento. Y seguirá de manera acelerada. Las propuestas se votarán el jueves en primera lectura en la Duma (la Cámara baja), según la agencia estatal Tass. Se prevé que la “votación nacional” sobre las enmiendas se celebre en abril; aunque el Kremlin ha eludido hablar de “referéndum” y tampoco ha explicado si ese “sufragio” será vinculante.

Las propuestas, publicadas en la web de la Duma, plasman lo que Putin ya mencionó en su discurso el pasado miércoles. Fortalecen la Cámara baja, que tendrá la capacidad de nombrar al primer ministro y a los miembros del Gobierno; y el presidente no podrá rechazar las designaciones. También a la Cámara alta, que aunque a propuesta del Kremlin nombrará al fiscal general. Además, propone limitar los mandatos presidenciales a dos; en lugar de a dos “consecutivos”, como sucede ahora.

Otro punto que puede ser clave es la propuesta de dar un papel relevante al Consejo de Estado. Lo que ahora es un órgano consultivo y eminentemente ceremonial, será responsable de “determinar las direcciones principales de la política interna y exterior de la Federación de Rusia”, según la Constitución. Atribuciones que pueden convertir a esa institución en un puesto apetecible para Putin, cuando dentro de cuatro años se vea obligado a abandonar la presidencia, como marca la ley.

Y sobre la soberanía de Rusia, las enmiendas recogen que se podrá “no ejecutar” las decisiones de organismos internacionales si contradicen la Constitución. Lo que terminará con las esperanzas de quienes recurren, por ejemplo, a tribunales internacionales, como la Corte de Derechos Humanos con sede en Estrasburgo. El proyecto propone también reducir el número de jueces del Tribunal Constitucional de 19 a 11 y que el Consejo de la Federación otorgue el derecho de rescindir, a propuesta del presidente, los poderes de los jueces de los tribunales constitucionales y supremos, así como los magistrados de los tribunales de casación y apelación “en caso de un acto que difame el honor y la dignidad de un juez”.

Atendiendo el malestar derivado del empeoramiento en el nivel de vida de los rusos, que ha hecho la popularidad del Gobierno desplomarse, las propuestas piden que Rusia garantice en la Constitución un salario mínimo equivalente al menos al coste medio de la vida en el país.

“Putin quiere ser el líder vitalicio de Rusia. Es una usurpación de poder, esto es lo que está sucediendo y debe combatirse “, acusó el lunes el bloguero Alexei Navalny, líder de la oposición extraparlamentaria. Sus opositores, que creen que el presidente ruso quiere dejar todo completamente rematado antes del año que viene, por si el partido de Gobierno pierde peso en las elecciones parlamentarias clave, preparan ya una marcha de protesta el 29 de febrero.

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