Los candidatos Luis Arce y David Choquehuanca, del Movimiento al Socialismo.En vídeo, declaraciones de Evo Morales. FOTO: AFP/EFE

Luis Arce será el candidato presidencial del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones bolivianas del 3 de mayo. Ha obtenido este puesto a pesar de ser el aspirante con menos apoyo de las organizaciones locales y sectoriales del partido de izquierdas. Lo debe al impulso del expresidente Evo Morales, que, como es normal en el MAS, ha impuesto su criterio en la reunión extraordinaria de dirigentes que sostuvo el domingo en Buenos Aires, donde se halla exiliado.

El mayor punto a favor que tiene Arce es su éxito como ministro de Economía de Bolivia durante la última década, pero las bases del MAS consideraban que, en las circunstancias actuales, era mejor tener un candidato de proveniencia indígena que uno salido de la clase media educada y blanca, puesto que esta estuvo comprometida mayoritariamente en el derrocamiento de Morales y ahora se inclina por los candidatos de la derecha y la centroderecha. El nombre con más apoyo dentro del MAS era el del excanciller David Choquehuanca, quien quedó parcialmente relegado: será el candidato a la vicepresidencia.

El candidato a la presidencia del MAS entró en el partido tardíamente, poco antes de las elecciones de 2005, las primeras que Morales ganó. Pero no era un recién llegado a la izquierda boliviana: en la universidad había militado en el Partido Socialista 1, uno de los muchos grupos progresistas bolivianos que desaparecieron a fines de los 80, con la caída del muro de Berlín.

Arce afirmó más de una vez que creía en el socialismo, aunque “en ningún momento [el Gobierno de Morales] pensó en construir el socialismo de inmediato”. “No se puede realizar un tránsito mecánico del capitalismo al socialismo, debe haber un periodo intermedio”, dijo en ese entonces. Durante ese lapso debía construirse el “Modelo Económico Social Comunitario Productivo”, como llamaba a su política económica. Esta consistió en la nacionalización de los recursos naturales, la intervención del Estado en todos los ramos productivos, para impulsar el crecimiento económico, y la redistribución de la riqueza a través de programas sociales y aumentos salariales.

Durante los primeros ocho años de la gestión de Morales, la economía boliviana se benefició de los altos precios internacionales de las materias primas, lo que le permitió crecer a un tasa superior al 5% anual y reducir la pobreza extrema del 38 al 18%. Muchos apostaron a que esta dinámica positiva cesaría en cuanto los precios cayeran. Arce superó esta prueba aumentando el gasto público de modo que compensara la caída de los ingresos por exportaciones. Bolivia continuó creciendo, aunque con menos rapidez que antes, mientras los demás países sudamericanos se iban hundiendo en la actual desaceleración regional. El precio de esta política, que algunos bautizaron como “escape hacia delante”, fueron los altos déficit fiscales del último lustro y la caída de las reservas de divisas. En atención a eso, el gobierno transitorio de Jeanine Añez ha comenzado un ajuste presupuestario que este año recortará la inversión pública en casi mil millones de dólares.

David Choquehuanca es uno de los fundadores el MAS y se lo consideraba el sucesor natural de Morales hasta enero de 2017, cuando fue despedido del puesto de ministro de Exteriores que había desempeñado por 11 años. Morales lo alejó para asegurar su propia posición como único candidato presidencial del MAS, pese a que entonces ya no podía reelegirse legalmente. Después del desaire, muchos allegados del exministro dejaron el “instrumento político”, pero el propio Choquehuanca se mantuvo dentro de él y siguió siendo muy apreciado por los sindicatos campesinos de origen aymara, la comunidad indígena a la que pertenece.

Choquehuanca es un indigenista moderado que busca el respeto de los derechos de los indígenas bolivianos y la eliminación del racismo mediante la difusión de la “cosmovisión ancestral”, uno de cuyos principios es, según él, el pacifismo. Cuando era canciller, llamó la atención por lo que sus críticos llamaban sus iniciativas “esotéricas”. Una de ellas fue hacer que las manecillas del reloj del Palacio Legislativo marcharan en dirección opuesta a la normal, para mostrar la visión heterodoxa de los pueblos indígenas sobre el tiempo. En una reciente entrevista, Choquehuaca dijo que buscará una “Bolivia más unida, más democrática, más participativa, que no excluya a nadie, donde todos construyamos la hermandad”. En el plano interno, su objetivo es “recuperar el verdadero espíritu” del proceso dirigido por el MAS, que en opinión de muchos de sus militantes fue desvirtuado en los últimos años por la llegada de una gran cantidad de advenedizos y oportunistas al Gobierno.

Arce y Choquehuanca tienen por delante una campaña muy difícil, ya que el Ejecutivo de Añez está sometiendo al MAS a una persecución judicial abrumadora. En un último episodio, ha movilizado tropas militares en todo el país para evitar que los seguidores de Morales organicen protestas para el 22 de enero, el día del Estado Plurinacional, fecha en que celebran el aniversario de su llegada al poder.

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