El expresidente Lula en el congreso de su partido este fin de semana. SEBASTIAO MOREIRA EFE

Ya lo advirtió una vez terminó de leer, en contra de su costumbre, el discurso meticulosamente preparado. “No saben lo que es enfrentarse a un hombre de 74 años enamorado”, proclamó el ex presidente de Brasil Lula da Silva ante un auditorio abarrotado desde el escenario donde le acompañaban la cúpula del Partido de los Trabajadores y su novia, militante del PT. Frente a los que apostaban por un tono conciliador volcado al centro, el recién excarcelado Lula apostó, este fin de semana en el Congreso del PT, por reforzar el perfil de izquierda dura para hacer oposición al Gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro.

Lula ha revitalizado a oposición brasileña, que no ha logrado asomar prácticamente la cabeza desde que el militar retirado ganó las elecciones. “A los que critican o temen a la polarización, tenemos el coraje de decirles: sí, somos lo opuesto a Bolsonaro. No nos podemos quedar encima del muro o a mitad del camino”, proclamó en la apertura del congreso. Era su primer discurso eminentemente político tras los emocionales baños de masas que ha protagonizado tras recuperar hace dos semanas la libertad tras 580 días preso por corrupción. En São Paulo, el acto fue en un auditorio cerrado.

Lula anunció el terreno en el que quiere dar la batalla en un acto en el estuvo arropado por su sucesora, Dilma Rousseff, y por Fernando Haddad, al que designó candidato cuando la justicia le vetó como candidato en 2018. “Somos y seremos oposición al Gobierno de Bolsonaro, que recorta derechos a los trabajadores, genera desempleo, reduce el salario mínimo, trae de vuelta el flagelo del hambre, destroza el medio ambiente y ataca mujeres, negros, a la población LGTB y a cualquiera que ose discrepar”, anunció. También respondió a los que tachan de radical a un político que gobernó con un programa mucho más pragmático de lo que cualquiera de sus críticos temían: “Sí, somos radicales, radicales defensores de la soberanía, de las universidades públicas gratuitas, de la sanidad universal… y enemigos de los que niegan la ciencia”.

La puesta en libertad de Lula –consecuencia de la decisión del Supremo que estipula que los condenados solo deben ir a prisión cuando hayan agotado todos los recursos y que afectó a 5.000 presos– ha supuesto una importante inyección de energía a una izquierda que está notablemente desdibujada mientras Bolsonaro y sus ministros monopolizan el debate público con sus decisiones y declaraciones. Aunque las dos condenas que pesan en su contra le impiden ser candidato, el PT confía en que el Tribunal Supremo anule ambos casos por falta de imparcialidad del juez Sergio Moro, que colgó la toga para ser ministro de Justicia con Bolsonaro. “Estamos bien vivos, con la cabeza erguida. Dispuestos a dar la batalla”, recalcó también la diputada Gleisi Hoffman, reelegida como presidenta del PT.

La izquierda y Lula tiene varios importantes obstáculos ante sí: el arraigado antipetismo que catapultó a Bolsonaro tras cuatro mandatos del PT, los casos judiciales que Lula tiene pendientes y su edad. Aunque el PT tiene el grupo parlamentario más nutrido, con el 10% de los escaños, requiere aliados para ganar unas elecciones. Ya lo dijo Lula en su discurso del viernes. “Salvar al país de la destrucción no es tarea para un único partido”, afirmó ante los líderes del Partido Comunista y del Partido Socialismo y Libertad, al que pertenecía la asesinada concejala Marielle Franco, gran emblema de la izquierda junto al tan amado como odiado Lula.

La clave será si el PT mira a la izquierda o al centro en busca de aliados ante las elecciones municipales del próximo año, antesala de las presidenciales de 2022. La decisión del presidente Bolsonaro de abandonar su partido podría favorecer a la oposición en los próximos meses porque no está claro que el partido que el ex militar acaba de crear, Alianza por Brasil, que recalca el perfil de extrema derecha, logre cumplir los trámites necesarios para formalizarlo a tiempo de dar la batalla de las gobernadurías y alcaldías en octubre próximo.

Aunque Lula confía en ser exonerado de los dos casos en los que está condenado a un total de 20 años, se enfrenta a al menos seis investigaciones más. “Como creo en Dios y en la justicia de este país, vamos a derrotar esta farsa”, afirmó en su discurso. “Es cosa de paciencia”.

Lula, que cuando se celebren las próximas presidenciales tendrá 77 años, no ha aclarado aún si sería candidato de poder presentarse. Es consciente de que la edad es un estorbo. Por eso ha acuñado una frase que repite desde que abandonó la celda en la comisaría de Curitiba: “Tengo 70 años de experiencia, 30 de energía y 20 de tesón”. Necesitó de cuatro intentos para convertirse en 2003 en el primer presidente obrero en un país tan desigual y clasista como Brasil.

El líder del PT dio gracias infinitas a los militantes y seguidores que le acompañaron durante los 19 meses que estuvo encarcelado, pero también miró al extranjero, al cambiante panorama en la región. Agradeció su apoyo al presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, felicitó a los chilenos que protestan contra el presidente Sebastián Piñera en las calles, alabó el apoyo de los Castro desde Cuba y tuvo un recuerdo para los bolivianos, pero también envió un recado a los que pretenden aferrarse al poder. “Toda vez que un líder empieza a sentirse imprescindible, empieza a crecer en él un pequeño dictador”.

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