El presidente de EE UU, Donald Trump, habla con el secretario de Estado, Mike Pompeo, este miércoles en Nueva York. En vídeo, Trump hablando sobre las reacciones a la transcripción. AP | REUTERS

“Quiero pedirte un favor”, esas son las palabras con las que arranca el caso que acaba de cambiar lo que queda de la era Trump y la campaña electoral de 2020. Donald Trump pidió insistentemente al presidente ucranio, Volodimir Zelenski, que investigase a su principal rival político del momento, el demócrata Joe Biden, y al hijo de este, Hunter Biden, por sus negocios en Kiev, en una conversación telefónica mantenida el pasado 25 de julio. En esa conversación, el mandatario neoyorquino señaló repetidas veces que haría que su abogado personal, Rudy Giuliani, y el fiscal general de Estados Unidos, William Barr, llamaran a Zelenski. “Y llegaremos al fondo del asunto”, dice. Así consta en la transcripción de esa conversación hecha pública este miércoles por orden del propio Trump al día siguiente de que los demócratas activaran la investigación formal para un impeachment o destitución a raíz de este último escándalo.

“Se está hablando mucho del hijo de Biden [Hunter Biden, que tuvo negocios en Ucrania mientras su padre, el demócrata Joe Biden, era vicepresidente con Barack Obama], que Biden detuvo la investigación y mucha gente quiere saber sobre eso, así que lo que puedas hacer con el fiscal general [de EE UU] será genial. Biden fue por ahí presumiendo de que había detenido la investigación, así que si puedes mirar eso… Me suena horrible”, dice en un momento de la charla. “Haré que Giuliani te llame y también que el fiscal general te llame y llegaremos al fondo del asunto. Estoy seguro de que lo resolverás”, afirma hacia el final de esa charla, para acto seguido rematar: “Vuestra economía va a ir mejor de lo que yo predije”.

El presidente estadounidense también pide que se indague sobre la empresa Crowdstrike, la firma con sede en EE UU que se encargó de examinar el robo de correos del Partido Demócrata en verano de 2016 —una de las grandes operaciones de la trama rusa de injerencia electoral— y lo atribuyó a Rusia.

Fuentes del Departamento de Justicia han negado que esa llamada prometida por Trump llegase a efectuarse, pero la bomba política ya ha estallado. El contenido de la conversación entre Trump y Zelenski, recogida en un memorando elaborado por el personal de inteligencia, será una de las principales armas de los demócratas para poner en marcha la maquinaria del impeachment. Trump insiste en que sus comentarios no suponen presiones, pero la forma en que aborda el asunto, ofreciendo la colaboración de su abogado personal, del Departamento de Justicia y la reiteración son dinamita, independientemente de dónde desemboque este escándalo.

Para buena parte de la oposición es evidente la maniobra para influir sobre un Gobierno extranjero con el fin de perjudicar las posibilidades electorales del exvicepresidente de Barack Obama, que este verano era claro favorito en las encuestas de las primarias demócratas.

El presidente ucranio, además, se muestra complaciente con el presidente del país más poderoso del mundo. La publicación de sus palabras tampoco beneficia a Zelenski. Cuando Trump se queja del trabajo del fiscal anterior, que no halló motivos para procesar a Hunter Biden, el mandatario ucranio responde: “Estoy al corriente de la situación. Como hemos ganado la mayoría absoluta en el Parlamento, el próximo fiscal general será 100% mi persona, mi candidato”.

El presidente ucranio ha tratado de salir del paso bromeando: “La única persona que puede presionar es mi hijo, que tiene seis años”, dijo a un grupo de reporteros, según recoge Reuters. “Nadie puede presionarme porque soy el presidente de un Estado independiente”, recalcó. Pero las palabras de esa charla de julio muestran que hay al menos otra persona en el mundo, además de su hijo de seis años, con gran ascendiente sobre él.

Un elemento crítico de este caso consiste en si Trump usó las ayudas estadounidenses a Ucrania como un mecanismo de presión. La Administración tenía retenidos más de 200 millones de dólares cuando tuvo lugar esa conversación, aunque se acabaron entregando en septiembre. En ningún punto de la charla aparece dicho asunto, si bien el mandatario estadounidense resalta desde el principio de la conversación todo el “esfuerzo y el tiempo invertidos” en su país. “Estados Unidos ha sido muy, muy bueno con Ucrania”, añade, “no voy a decir que sea recíproco porque las cosas que están pasando no son buenas”, sin concretar qué es eso que debería hacer Ucrania para que el buen trato sea recíproco.

Este caso ha supuesto el detonante final para convencer a los demócratas más recelosos de la necesidad de impulsar un impeachment contra Trump. Se trata de un proceso muy complejo, que difícilmente prosperará con el Senado de mayoría republicana, y que en ocasiones tiene un efecto bumerán contra el partido que lo pone en marcha, como demostró el proceso abierto contra Bill Clinton en 1998 (el presidente demócrata acabó ganando popularidad) a raíz del caso Lewinsky.

Trump ha reaccionado como lo hizo con la trama rusa, declarándose víctima de una “caza de brujas”. El fiscal especial de este caso, Robert S. Mueller, confirmó la injerencia del Kremlin en las elecciones presidenciales de 2016, con el objetivo de favorecer la victoria del republicano frente a la demócrata Hillary Clinton, pero no halló pruebas de colusión por parte del magnate neoyorquino o su entorno. Tampoco fue concluyente sobre si veía un delito de obstrucción a la justicia, alegando las limitaciones jurídicas de procesar a un presidente en ejercicio, y señaló que era el Congreso el que puede llevar a cabo un proceso de este tipo, gracias a esa destitución previa.

Una conversación mantenida el 24 de julio ha cambiado radicalmente el panorama. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, anunció el martes por la tarde la apertura de una investigación formal para el proceso de destitución alegando que el presidente de EE UU había cometido “traición a su juramento del cargo, a la seguridad nacional y a la integridad de las elecciones”.

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