Un puñado de morelenses destacados llenaron con su nombre y el de su movimiento las páginas de la historia de Morelos, y todo un capítulo de la del México, durante la segunda década del siglo XX. La bandera de su caudillo, “Tierra y libertad”, fue la síntesis de siglos de reclamos campesinos y la culminación de todos los intentos previos porque se respetaran sus derechos agrarios y humanos.

Emiliano Zapata Salazar (n. 8 de agosto de 1879) fue una suerte de charro justiciero, de carácter resuelto. Tras de haber sido caballerango de Pablo Escandón y Barrón y de Ignacio de la Torre Mier, jefe de Estado Mayor Presidencial y yerno de Porfirio Díaz, respectivamente, regresó a su natal Anenecuilco donde en 1909 fue nombrado presidente de la Junta de Defensa de las Tierras.

En ese año Escandón fue el candidato porfirista al gobierno de Morelos, y como Zapata apoyó a su contrincante, Patricio Leyva, su pueblo sufrió un despojo de tierras cuando aquel ganó y asumió el cargo. En mayo de 1910 Emiliano llevó ante el propio presidente de la República la demanda de restitución de los terrenos invadidos.

Zapata simpatizó con el Plan de San Luis, de Francisco I. Madero, porque ofrecía devolver las tierras a sus legítimos propietarios. Dicho Plan fue discutido en noviembre de 1910 en Villa de Ayala, durante una reunión en la que Pablo Torres Burgos recibió la comisión de negociar con Madero -quien tenía su cuartel en Texas- la participación de fuerzas morelenses.

Al regreso de Torres Burgos de San Antonio, donde el llamado Apóstol de la Democracia lo nombró jefe de la revolución en Morelos, el 10 de marzo de 1911 Villa de Ayala se levantó en armas. Entre sus principales estaban Emiliano Zapata y su hermano menor, Eufemio. En Jojutla, Zapata pasó a encabezar aquel ejército tras la renuncia de Torres por no poder evitar el saqueo que cometieron sus tropas allí.

Los morelenses insurgentados (neologismo del siglo XIX utilizado por Felipe Montero en su libro sobre el sitio de Cuautla, Apuntes para la Ystoria) se fueron incorporando progresivamente en diversas poblaciones, mientras que los hacendados armaron a sus trabajadores para defender las cosechas de caña de azúcar y el gobernador Escandón huyó con sus tropas cuando supo que iban a secuestrarlo. Luego se fue más lejos: como enviado especial de Porfirio Díaz a la coronación del rey Jorge IV de Gran Bretaña.

Tras la caída de Díaz el 25 de mayo de 1911, Zapata puso como condición para deponer las armas que fueran repartidas las tierras. Ni el presidente interino Francisco León de la Barra, ni Madero cuando ocupó el cargo, aceptaron hacerlo.

León de la Barra declaró “bandido y rebelde” al revolucionario morelense; los generales Aureliano Blanquet y Victoriano Huerta lo persiguieron; Madero le pidió sin éxito que él y sus hombres se rindieran incondicionalmente; luego designó a Felipe Ángeles para combatirlo, pero éste asumió una actitud conciliadora y los zapatistas se replegaron para después reorganizarse como Ejército Libertador del Sur.

El 25 de noviembre de 1911 fue proclamado el Plan de Ayala, redactado por el profesor Otilio Montaño y el general José Trinidad Ruiz con las ideas de Zapata y las firmas de seis generales, 17 coroneles, 34 capitanes y un teniente. Ese Plan, que acusaba a Madero de traidor y lo desconocía como presidente, exigía el cumplimiento del Plan de San Luis, con énfasis en el reclamo de restituir los latifundios a los campesinos.

El 1 de diciembre de 1912 tomó posesión quien sería único gobernador constitucional de Morelos en casi dos décadas, Patricio Leyva, afín a la idea de reponer los ejidos, lo cual no tuvo lugar porque si bien Zapata aceptó discutir el plan al respecto, algunos jefes rebeldes se opusieron, aplicaron impuestos a las haciendas para sufragar los gastos militares y quemaron aquellos ingenios que no quisieron pagar.

Durante la Decena Trágica algunos jefes zapatistas simpatizaron con el cuartelazo de Victoriano Huerta, y los que se mantuvieron leales atacaron un tren que iba a Cuernavaca y casi un centenar de federales murieron. Se estableció la ley marcial y Leyva se retiró del cargo el 8 de abril de 1913. En su lugar hubo dos gobernadores: Benito Tajonar, nombrado por el Congreso local el día 12 siguiente, y Juvencio Robles impuesto por Huerta, el usurpador que prometió a los hacendados restablecer la tranquilidad en Morelos y ordenó a los militares que se llevaran en la leva hasta a niños de 10 años.

El 30 de mayo de 1913 Zapata agregó al Plan de Ayala un texto de repudio a Huerta por “usurpador e indigno” de ejercer la Presidencia. El 7 de junio de 1914, el Congreso de la Unión convirtió al estado de Morelos en territorio federal, y Victoriano Huerta nombró jefe político y militar al general Pedro Ojeda, quien duró menos de dos meses porque las fuerzas zapatistas ocuparon Cuernavaca y pusieron como gobernador a Genovevo de la O. Por esos tiempos se incorporó a las filas del Caudillo del Sur un nativo de Tlaquiltenango de apenas 14 años, llamado Rubén Jaramillo.

*Adaptado del texto original del autor para el libro Todo Morelos, Editorial Adriar, Cuernavaca, Morelos, 2002

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