Con nuestra simpatía para el colega de Tamaulipas
Mario Ángel Díaz Vargas

Leímos en el portal de noticias López-Dóriga Digital, que 20 (de los 21) corresponsales extranjeros de la Agencia de Noticias del Estado Mexicano (Notimex) pidieron en una carta abierta la “urgente intervención” del presidente Andrés Manuel López Obrador para que sean atendidas su recontratación y sus pagos pendientes.

Notimex no tiene director general desde hace tres meses y medio, y el encargado del despacho, Enrique Valadez, al parecer canceló todos los contratos de honorarios, entre ellos los de esos corresponsales que, por su antigüedad de hasta 35 años en la agencia, ya deberían tener seguridad y derechos laborales. Quien primero informó de esa presunta anomalía fue el ex directivo de la agencia, José Carreño Figueras, en uno de sus artículos para El Heraldo de México en enero pasado.

En respuesta a la carta de esos periodistas, un lector de lopez-doriga.com escribió que deberían aprender a trabajar fuera del gobierno, mientras que el vocero de la Presidencia se limitó a señalar en un ‘twitter’ que “Notimex está en una grave situación financiera”, la cual será resuelta por la próxima directora.

Por dónde empezar. Tal vez por recordar que Notimex, fundada en 1968, dejó de ser del gobierno en 2006 cuando se convirtió en una agencia de Estado, con cierta autonomía pero sometida a muchas regulaciones burocráticas como si todavía fuera una dependencia oficial.

Alejandro Ramos, quien renunció a la dirección de Notimex el 30 de noviembre pasado, dijo en una entrevista que la empresa necesitaba “tener un marco regulatorio adecuado y conforme a lo que es: una entidad autónoma y, sobre todo, tener también un marco informativo mucho más libre, es decir que no esté sujeto a pautas que provengan del gobierno, como ha ocurrido durante este tiempo” (en referencia al sexenio pasado).

Además -agregó- la agencia “carece de una reglamentación”, lo cual “deja a Notimex en una situación jurídica y estructural y organizativa” muy limitada, pues recibe un trato como de una secretaría de Estado, “bajo reglamentos administrativos engorrosos”.

En cuanto a los corresponsales en el extranjero, en su carta abierta al presidente López Obrador mencionan también el caso de uno de ellos “con 28 años de servicio”, quien padece “una seria enfermedad crónico-degenerativa y ha quedado abandonado” en el país donde lo asignó la agencia, “sin poder sufragar un tratamiento médico urgente”.

El dato nos recuerda cuando, en 2009, murió el corresponsal en Miami, Ramón Rodríguez Reyna, y con autorización del director general Sergio Uzeta se le otorgó a la viuda un apoyo de dos mil 400 dólares para el funeral pero, como la “normatividad” burocrática no permitía distraer para eso los recursos de otras partidas, fue necesario hacer una colecta interna para reintegrar el dinero. Rodríguez Reyna había trabajado para Notimex durante 18 años, pero siempre cobraba por honorarios y carecía de prestaciones laborales, así que su viuda no recibió pensión alguna.

De manera que el caso de los corresponsales no es nuevo. Ni es justo. Notimex tiene una plantilla de excelentes periodistas mexicanos y de otras nacionalidades en diversos países, desde que fueron creadas las oficinas regionales extranjeras en tiempos de los directores Raymundo Riva Palacio, Pablo Hiriart y Rubén Álvarez (1988-1994).

Ese lector del portal de López Dóriga que les pidió aprender a trabajar fuera del gobierno, debería saber que Notimex no es del gobierno y que, gracias a que esos periodistas sí saben trabajar donde sea, la Agencia ha logrado exclusivas mundiales tales como entrevistas a presidentes y papas, ha ganado noticias a medios internacionales, ha cubierto las guerras intestinas de América central y otras como la invasión a Irak con grandes riesgos para los enviados y muchos aciertos periodísticos como consta ahora en diversos libros, y han cumplido con la misión de dar la imagen latinoamericana de las noticias y de difundir lo que ocurre dentro de las comunidades latinas de Estados Unidos, con un sentido de servicio y de tipo social, más que mercantil. Han contribuido a hacer de Notimex la segunda agencia en español más importante del mundo.

No sabemos en qué momento Notimex comenzó a sufrir esa “grave situación financiera” que mencionó el vocero presidencial Jesús Ramírez Cuevas. Teníamos noticia de que, al renunciar en noviembre pasado, Alejandro Ramos había dejado una empresa muy consolidada y acreditada, y que su informe final había sido aprobado por los consejos editorial y de administración.

La cancelación de contratos ocurrió después de que el director editorial Enrique Valadez quedó como encargado del despacho, y así sigue por la demora que tanto el presidente López Obrador tuvo para enviar al Senado la propuesta de Sanjuana Martínez como nueva directora, como de los propios senadores por no dar todavía curso al trámite de aprobación.

Tampoco sabemos si un encargado del despacho cuenta con facultades para cancelar contratos. Sólo tenemos noticias -gracias a un artículo del ex colaborador de Notimex Jorge Meléndez en periodistas unidos.com- de que Valdez había llegado al cargo de director editorial porque logró “imponerlo” el dirigente sindical de la empresa, como hizo también con otros ahora funcionarios, en tiempos de Alejandro Ramos.

Ramírez Cuevas informó que Sanjuana Martínez atenderá la situación de Notimex “en cuanto asuma la dirección, respetando los derechos de los trabajadores haciendo cumplir el mandato constitucional de tener una agencia de Estado comprometida con el derecho a la información”.

¿Cuándo asumirá Martínez la dirección? Ojalá que pronto, pero quien fue jefa de radio de Notimex en los años 90, Georgina Morett, escribió en El Financiero que, al parecer, “la ira” del senador Pedro Haces Barba “pretende alejar a la periodista de este puesto”, porque Sanjuana publicó que él había estado “preso por una averiguación previa por robo de vehículo y portación de armas prohibidas” y ahora él quería vengarse.

Mientras, los 20 corresponsales firmantes de la carta van para tres meses sin dinero, en lugares con un costo de vida en algunos casos superior al de México.

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