'Toda fotografía es una ficción que se presenta como verdadera', dice en entrevista el célebre ensayista y crítico catalán, quien aborda su proyecto Ximo Berenguer: el libro como fake

CIUDAD DE MÉXICO.- Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955), afirma que “toda fotografía es una ficción que se presenta como verdadera”, una ficción que en su peor momento fue vista como el fiel testigo de los hechos y el soporte de las evidencias que, pese a todo, ha perdido la batalla contra el tiempo y ha caído en el mundo de las fake news.

Así lo dijo a Excélsior el fotógrafo, ensayista y crítico, luego de presentarse ayer en la 18 Feria Internacional del Libro del Zócalo (FILZ), donde habló sobre su proyecto Ximo Berenguer: el libro como fake, y quien dictará la charla Fotografía, gran hermano y posverdad, este jueves en el Centro de la Imagen.

Todas esas ideas y obsesiones de Fontcuberta lo llevaron a escribir hace 20 años un ensayo donde afirmaba que “la fotografía actuaba como el beso de Judas” y que la fotografía “estaba al borde del suicidio”, en ese afán por encontrar en ella la personificación de la verdad.

Dos décadas después, el crítico reconoce que la fotografía libró aquel suicidio. “Yo creo que sí logró escapar, porque cuando hoy evaluamos la actitud del público sobre la imagen fotográfica ya ha desaparecido esa confianza ciega en la imagen, es decir, hoy todos somos conscientes de que las imágenes siempre toman partido —no necesariamente el nuestro— y que la imagen es una materia maleable sobre la que se puede intervenir”.

Esto fue posible, añadió, debido a la educación, la sensibilidad del público y a la confrontación con la tecnología digital, “que nos muestra con qué facilidad la estructura de la imagen puede ser cambiable, donde lo que antes nos parecía un documento, un reflejo de lo real… en el fondo no es más que la construcción de algo”.

¿Qué papel tiene el documental en este concepto?, se le cuestionó al también artista. “El fotógrafo documental elige un camino, pero yo siempre intento calibrar hasta qué punto hay un dogmatismo inherente o una autocrítica y una cierta humildad respecto a la capacidad de transparencia en la imagen; es decir, a mí me relaja cuando un fotógrafo documental me dice que su trabajo no es más que una visión donde ha intentado ser honesto y que no es objetivo, ‘porque no puede serlo’. Eso a mí me tranquiliza. Pero cuando alguien me dice que su trabajo es la realidad y los hechos… pienso que esas actitudes son peligrosas por prepotentes, arrogantes y falsas”.

¿Cuál es el concepto ideal del fotógrafo? “Yo entiendo que la verdad no existe como entidad, sino como búsqueda, y para comprenderlo tomo una cita que me gusta mucho y dice: ‘Alaba a los que buscan la verdad, desconfía de los que dicen haberla alcanzado’. Porque buscar la verdad es encomiable, pero suponer que la has capturado es arrogante, es vanidoso”.

¿Cómo observa la socialización de la fotografía? “Yo digo de una manera humorística que después del homo sapiens, llegó el homo fotograficus, es decir, hoy todos somos consumidores y fabricantes de imágenes, porque han desaparecido las dificultades técnicas y los costos”.

Así que hoy no hace falta pasar por escuelas o por una competencia técnica, todo mundo puede hacer una imagen fotográfica plausible apretando un botón, es decir, los dispositivos actuales cuentan con tanta inteligencia artificial incorporada y con tantos automatismos que prácticamente es imposible hacer una mala foto”, apuntó.

¿Entonces todos somos fotógrafos? “Hoy todos lo somos, aunque evidentemente el que todos sepamos escribir no quiere decir que todos podamos crear novelas merecedoras de un Premio Nobel, pero al menos sabemos escribir. Esto nos traslada a una situación muy positiva que significa el tránsito de la fotografía como escritura a la fotografía como lenguaje universal”.

¿Cada fotografía es un relato o microficción? “Yo creo que hay que diferenciar una fotografía descriptiva de otra narrativa. La fotografía analógica tenía como objetivo la descripción; en cambio, la posfotografía o fotografía digital tiene componentes tal vez más de relato”.

El error, continúa, “está en ver la fotografía de forma autónoma, ya que toda imagen necesita una habitación donde vivir… y en esa habitación no está sola, sino que comparte espacio con un texto, con la arquitectura, con un lugar concreto en el mundo y en la historia. Todo eso articula el significado de la imagen o lo que hoy llamaríamos los metadatos de la imagen. La imagen está ahí y, si no tenemos ese circuito de datos adicionales, esa imagen flota en un limbo y se convierte en un contenido ambiguo sobre la que podemos proyectar cualquier interpretación”.

IMAGEN Y ALZHEIMER

Joan Fontcuberta adelantó que su próximo libro se titulará La fotografía como gemido o La fotografía como lamentación, un texto que lanzará en 2019 y en el que escribe sobre cómo los archivos históricos se convierten en “fotografías con alzheimer”.

Es, asegura, un título tentativo “y tiene que ver con las fotografías analógicas, con los archivos históricos que sufren una determinada patología cuando su vínculo con la realidad se rompe y no queda más autorreferencia que la propia imagen, que esos residuos y manchas químicas, de tal suerte que esas instantáneas que están para preservar una determinada memoria, la pierden y se vuelven amnésicas y se convierten en fotografías con alzheimer”.

¿Es una idea temible? “Me parece muy poético porque, así como la Torre de Babel fue un acto de soberbia humana para vencer la infinitud y lo divino, la fotografía fue un invento semejante para vencer al tiempo; la fotografía era una manera de congelar la temporalidad y, por lo tanto, garantizar una inmortalidad, una infinitud”.

¿Y se logró? “Bueno, en esa tensión entre fotografía y tiempo, entre memoria y tiempo, siempre ha ganado el segundo, ya que éste siempre hace desaparecer a esas fotografías arrogantes que se autoconcebían la ilusión de haber vencido el paso inexorable del tiempo”.

¿Qué concluyó de las fake news a partir de Ximo Berenguer: el libro como fake? “Las fake news son una excrecencia del sistema actual de redes sociales. Creo que hace falta mayor reeducación para detectarlas. Ese es un mundo que me interesa mucho, porque siempre me ha interesado cómo detectar y denunciar esas situaciones de falsedad”.

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